Al igual que el motor de un coche se resiente si lo dejamos aparcado durante meses, a las instalaciones térmicas de nuestra vivienda les ocurre exactamente lo mismo. Es un error común pensar que apagar el equipo por completo durante el verano alargará su vida útil; de hecho, los problemas más frecuentes al no usar las calderas derivan precisamente de esa falta de actividad.
Cuando el agua deja de circular por el circuito y los mecanismos internos permanecen estáticos durante meses, es habitual que, al llegar el primer frío del invierno, el sistema nos dé una desagradable sorpresa. La buena noticia es que la mayoría de estas incidencias tienen una solución rápida si sabemos identificarlas a tiempo.
Diagnóstico rápido: ¿Qué le pasa a tu caldera?
Para facilitarte la tarea, hemos preparado esta tabla comparativa con los síntomas más habituales tras un periodo de inactividad, su origen y cómo solucionarlo:
| Síntoma que notas | Causa más probable | Solución recomendada |
|---|---|---|
| Ruidos de gorgoteo o radiadores fríos por arriba. | Acumulación de bolsas de aire en el circuito. | Purgar los radiadores uno a uno. |
| La calefacción no arranca o calienta muy poco. | Falta de presión en el circuito de agua. | Abrir la llave de llenado hasta alcanzar 1,2 – 1,5 bares. |
| Apagones repentinos o bloqueo total del equipo. | Bomba de recirculación atascada por falta de uso. | Aviso a un técnico para su desbloqueo. |
| Olor extraño o fallo en la evacuación de gases. | Obstrucción en la salida de humos. | Revisión y limpieza profesional inmediata. |
Las averías más comunes tras meses sin uso
El simple hecho de mantener una caldera encendida (aunque sea solo en modo agua caliente sanitaria) permite que el agua se renueve. Cuando llega el otoño y activamos el modo calefacción, suelen dar la cara estos tres contratiempos:
1. Aire atrapado en los radiadores
Es la reina de las averías otoñales. Durante los meses de inactividad, el aire tiende a acumularse en la parte alta de los radiadores y en las tuberías. Lo notarás porque la caldera emitirá silbidos extraños y, al encender la calefacción, los radiadores estarán calientes por abajo pero fríos por arriba. Se soluciona fácilmente realizando el clásico purgado al inicio de la temporada.
2. Descenso de la presión del agua
Con el paso de los meses, los cambios de temperatura y las microfugas naturales hacen que el circuito pierda presión. Si el manómetro marca por debajo de 1 bar, la caldera entrará en modo de seguridad y no arrancará. Basta con localizar la pequeña llave de llenado en la parte inferior del equipo y dejar entrar agua poco a poco hasta situar la aguja en la zona verde (habitualmente sobre 1,5 bares).
3. El bloqueo de la bomba de recirculación
Este es un fallo mecánico muy típico. La bomba es el «corazón» que empuja el agua hacia los radiadores. Si ha estado parada seis meses, los propios sedimentos del agua y la cal pueden hacer que el rotor se quede pegado. Aunque a veces basta con un ligero giro manual en el eje para liberarla, al requerir desmontar la carcasa, lo más sensato es que esta operación la realice un técnico especializado para evitar males mayores que compliquen la instalación.
Atención a la salida de humos: Cuestión de seguridad
Dejamos para el final el punto más delicado. A diferencia de un radiador que no calienta, una salida de humos obstruida es un problema serio. Durante la primavera y el verano, es relativamente común que se acumule polvo, hojas secas o incluso que algún pájaro decida anidar en la chimenea exterior del equipo.
Si el conducto está bloqueado, el monóxido de carbono generado por la combustión no podrá salir al exterior y revoque hacia dentro de la vivienda. Las calderas modernas cuentan con sensores que detectan este tapón y apagan la máquina por seguridad, pero siempre es recomendable realizar una inspección visual del exterior antes del primer encendido fuerte del año.



